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martes, 25 de junio de 2019



Sistema endocrino 

¿Qué hace el sistema endocrino?
Las glándulas endocrinas liberan hormonas en el torrente sanguíneo. Este permite que las hormonas lleguen a células de otras partes del cuerpo.
Las hormonas del sistema endocrino ayudan a controlar el estado de ánimo, el crecimiento y el desarrollo, la forma en que funcionan los órganos, el metabolismo y la reproducción.
El sistema endocrino regula qué cantidad se libera de cada una de las hormonas. Esto depende de la concentración de hormonas que ya haya en la sangre, o de la concentración de otras sustancias, como el calcio, en sangre. Hay muchas cosas que afectan a las concentraciones hormonales, como el estrés, las infecciones y los cambios en el equilibrio de líquidos y minerales que hay en la sangre.
Una cantidad excesiva o demasiado reducida de cualquier hormona puede ser perjudicial para el cuerpo. Los medicamentos pueden tratar muchos de estos problemas.
¿De qué partes consta el sistema endocrino?
Aunque hay muchas partes del cuerpo que fabrican hormonas, las principales glándulas que componen el sistema endocrino son las siguientes:
el hipotálamo
la hipófisis
la glándula tiroidea
las glándulas paratiroideas
las glándulas suprarrenales
la glándula pineal
los ovarios
los testículos

El páncreas forma parte del sistema endocrino y también pertenece al sistema digestivo. Esto se debe a que fabrica y segrega hormonas en el torrente sanguíneo y también fabrica y segrega enzimas en el sistema digestivo.
El hipotálamo: se encuentra en la parte central inferior del cerebro. Une el sistema endocrino con el sistema nervioso. Las células nerviosas del hipotálamo fabrican sustancias químicas que controlan la liberación de hormonas por parte de la hipófisis. El hipotálamo recoge la información que recibe el cerebro (como la temperatura que nos rodea, la exposición a la luz y los sentimientos) y la envía a la hipófisis. Esta información afecta a las hormonas que fabrica y que libera la hipófisis.
La hipófisis: la hipófisis se encuentra en la base del cráneo, y no es más grande que un guisante. A pesar de su pequeño tamaño, la hipófisis se suele llamar la "glándula maestra". Las hormonas que fabrica la hipófisis controlan muchas otras glándulas endocrinas.
Entre las hormonas que fabrica, se encuentran las siguientes:
la hormona del crecimiento, que estimula el crecimiento de los huesos y de otros tejidos del cuerpo y desempeña un papel en cómo el cuerpo gestiona los nutrientes y los minerales
la prolactina, que activa la fabricación de leche en las mujeres que están amamantando a sus bebés
la tirotropina, que estimula la glándula tiroidea para que fabrique hormonas tiroideas
la corticotropina, que estimula la glándula suprarrenal para que fabrique determinadas hormonas
la hormona antidiurética, que ayuda a controlar el equilibrio hídrico (de agua) del cuerpo a través de su efecto en los riñones
la oxitocina, que desencadena las contracciones del útero durante en parto
La hipófisis también segrega endorfinas, unas sustancias químicas que actúan sobre el sistema nervioso y que reducen la sensibilidad al dolor. La hipófisis también segrega hormonas que indican a los órganos reproductores que fabriquen hormonas sexuales. La hipófisis controla también la ovulación y el ciclo menstrual en las mujeres.
La glándula tiroidea: se encuentra en la parte baja y anterior del cuello. Tiene una forma de moño o de mariposa. Fabrica las hormonas tiroideas tiroxina y triiodotironina. Estas hormonas controlan la velocidad con que las células queman el combustible que procede de los alimentos para generar energía. Cuantas más hormonas tiroideas haya en el torrente sanguíneo, más deprisa ocurrirán las reacciones químicas en el cuerpo.
Las hormonas tiroideas son importantes porque ayudan a que los huesos de niños y adolescentes crezcan y se desarrollen, y también tienen su papel en el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso.
Las glándulas paratiroideas: son cuatro glándulas diminutas unidas a la glándula tiroidea, que funcionan conjuntamente: segregan la hormona paratiroidea, que regula la concentración de calcio en sangre con la ayuda de la calcitonina, fabricada por la glándula tiroidea.
Las glándulas suprarrenales: estas dos glándulas de forma triangular se encuentran encima de cada riñón. Las glándulas suprarrenales constan de dos partes, cada una de las cuales fabrica una serie de hormonas que tienen diferentes funciones:
La parte externa es la corteza suprarrenal. Fabrica unas hormonas llamadas corticoesteroides que regulan el equilibrio entre el agua y las sales en el cuerpo, la respuesta del cuerpo al estrés, el metabolismo, sistema inmunitario, el desarrollo y la función sexuales.
La parte interna es la médula suprarrenal, que fabrica catecolaminas, como la adrenalina. También llamada epinefrina, esta hormona aumenta la tensión arterial y la frecuencia cardíaca cuando el cuerpo atraviesa una situación de estrés.
La glándula pineal está ubicada en el centro del cerebro. Segrega melatonina, una hormona que puede influir en que tengas sueño por la noche y te despiertes por la mañana.
Las glándulas reproductoras, o gónadas, son las principales fuentes de las hormonas sexuales. La mayoría de la gente no piensa en ello, pero tanto los hombres como las mujeres tienen gónadas. En los chicos, las gónadas masculinas, o testículos, se encuentran dentro del escroto. Segregan unas hormonas llamadas andrógenos, la más importante de las cuales es la testosterona. Estas hormonas indican al cuerpo de un niño cuándo llega momento de hacer los cambios corporales asociados a la pubertad, como el agrandamiento del pene, el estirón, el agravamiento de la voz y el crecimiento del vello facial y púbico. Además, la testosterona, que trabaja junto con hormonas fabricadas por la hipófisis, también indica al cuerpo de un chico cuándo llega momento de fabricar semen en los testículos.

Las gónadas femeninas, los ovarios, se encuentran dentro de la pelvis. Fabrican óvulos y segregan las hormonas femeninas estrógeno y progesterona. El estrógeno participa en el inicio de la pubertad. Durante la pubertad, a una niña le crecerán los senos, se le empezará a acumular grasa corporal alrededor de las caderas y los muslos, y hará un estirón. Tanto el estrógeno como la progesterona participan en la regulación del ciclo menstrual de la mujer. Estas hormonas también tienen un papel importante en el embarazo.
El páncreas: fabrica y segrega insulina y glucagón, unas hormonas que controlan la concentración de glucosa, o azúcar, en sangre. La insulina ayuda a mantener al cuerpo con reservas de energía. El cuerpo utiliza la energía almacenada para hacer actividades y ejercicio físicos, y también ayuda a los órganos a funcionar como deben funcionar.
¿Cómo puedo mantener sano mi sistema endocrino?
Para ayudar a mantener sano tu sistema endocrino:
Haz mucho ejercicio físico.
Lleva una dieta nutritiva.
Asiste a todas tus revisiones médicas.
Habla con tu médico antes de tomar ningún suplemento ni tratamiento a base de plantas medicinales.
Informa al médico sobre cualquier antecedente familiar de problemas endocrinos, como la diabetes o los problemas tiroideos.




Aparato locomotor 




El aparato locomotor, sistema locomotor o sistema músculo esquelético es el sistema orgánico que brinda al cuerpo la habilidad de moverse usando los sistemas musculares y el esqueleto.
La importancia del sistema locomotor reside en que es el responsable de entregar forma, estabilidad, movimiento y soporte al cuerpo.





Está formado el sistema osteoarticular y el sistema muscular; huesos del esqueleto, cartílagos, músculos, tendones, ligamentos, articulaciones y tejido conectivo, que mantienen a los órganos en su lugar y unen los tejidos del cuerpo.
Los huesos del sistema esquelético protegen los órganos internos del cuerpo, sostienen el peso del organismo y sirven como la primera fuente de absorción de fósforo y calcio.
Para que los huesos puedan realizar movimientos, tienen que estar unidos. Es por eso que están conectados por las articulaciones y fibras musculares y también por tejidos conectivos como los tendones y los ligamentos. En el caso de los cartílagos, previenen que los huesos se rocen constantemente unos con otros.
También puedes ver el sistema nervioso humano: estructura y funciones, ya que el uno no funcionaría sin el otro.
Componentes del sistema locomotor
1- Huesos





Existen 206 huesos en el cuerpo humano que cumplen algunas funciones principales. Una de las más importantes es el soporte de todo el cuerpo, incluyendo una red de sostén de tejidos blandos y órganos.
Los huesos, a su vez, guardan minerales y lípidos como el calcio- que es el mineral más abundante en nuestro cuerpo. El 99% se encuentra en el esqueleto. Además de esto, en la médula de los huesos hay reservas de lípidos, donde se encuentra la médula amarilla.
Los huesos también participan en el proceso de producción de células sanguíneas, especialmente glóbulos rojos. También glóbulos blancos y otros elementos de la sangre se producen en la médula roja, que llena la cavidad interna de los huesos.
El esqueleto protege los órganos del cuerpo, por ejemplo, la caja torácica donde se encuentran el corazón y los pulmones. El cráneo protege el cerebro; las vértebras a la médula espinal y la pelvis los órganos reproductivos en el hombre y la mujer.
Los huesos también tienen una estructura particular. Una parte compacta que es la que se encuentra en el exterior del hueso y una parte “esponjosa” que está en el interior. Esta proporción depende de la forma del hueso.
El crecimiento de los huesos comienza en los cartílagos, a través del proceso conocido como osificación. Como los huesos, al igual que el resto del cuerpo, se encuentran en constante cambio, es importante la actividad física para estimular su mantención y su fortaleza.
2- Articulaciones





Tipos de articulaciones.
Son otra parte esencial del sistema locomotor. Corresponden a dos huesos interconectados y determinan el compromiso entre la estabilidad y el rango de movimiento.
Tendones. Unen los músculos al hueso.
Ligamentos. Unen los huesos a los huesos.
Músculos esqueléticos. Se contraen para tirar de los tendones y mover los huesos del esqueleto. También mantienen la postura y la posición del cuerpo, sostienen los tejidos blandos, protegen los esfínteres del sistema digestivo y urinario y mantienen la temperatura corporal.
Nervios. Controlan la contracción de los músculos esqueléticos, interpretan información sensoraial y coordinan las actividades de los sistemas de órganos en el cuerpo.
3- Cartílagos
Son un tipo de tejido conectivo, una sustancia con textura de gel firme. Existen tres tipos de cartílagos en el organismo, dependiendo de su ubicación.
El cartílago hialino es el más común, y genera estructuras firmes pero flexibles, como las puntas de las costillas, y parte del septo nasal.
También el cartílago articular, que cubre los extremos de los huesos dentro de la articulación. Los otros son cartílago elástico y fibrocartílago. Este último es el encargado de resistir la compresión y limitar movimientos relativos, como el que encontramos en las articulación de la rodilla, las vértebras y los huesos púbicos.
Funciones del sistema locomotor





Músculos del aparato locomotor
El sistema locomotor actúa con todos sus componentes en sus funciones: movimiento, soporte y estabilidad del cuerpo. De este modo, músculos y esqueleto trabajan juntos para mover el cuerpo.
Mientras más músculos estén involucrados en una articulación, el rango de movilidad es mucho mayor, como ocurre en el caso de la articulación del hombro.
En los huesos que son parte del sistema locomotor, existe médula roja, que produce glóbulos rojos y también algunas células de la serie blanca, como los granulocitos.
A medida que el ser humano crece, comienza a disminuir la presencia de médula roja y aumenta la cantidad de médula amarilla en los huesos, que corresponde a la grasa.
En los adultos, la médula roja se encuentra presente usualmente en las costillas, vértebras, huesos de las caderas y esternón. Por otra parte, el radio, la tibia, la ulna y la fíbula contienen más grasa en su interior.
En el caso de pérdida de sangre, los huesos incrementan la cantidad de médula roja para que puedan formarse más células rojas.
El sistema locomotor provee de movimiento y estabilidad y constantemente los músculos esqueléticos están haciendo pequeños ajustes para sostener al cuerpo en posiciones estacionarias.
Los tendones se extienden sobre las articulaciones para mantenerla estables. Esto puede ser evidente en articulaciones como la rodilla y el hombro. También producen movimientos mucho más sutiles, como las expresiones faciales, los movimientos del ojo y la respiración.
Otra función fundamental es el mantenimiento de la temperatura del cuerpo, por la acción de los músculos esqueléticos. En este proceso, la sangre juega un rol importante, absorbiendo el calor del interior de los músculos y redirigiéndolo hacia la superficie de la piel.
Enfermedades del sistema locomotor
Existen algunas enfermedades y desórdenes que pueden afectar directamente la función del sistema locomotor y provocar fallas en su funcionamiento, que generan detrimento a su vez en las funciones del cuerpo humano.
Estas enfermedades son potencialmente debilitantes y difíciles de diagnosticar, debido a la interrelación del sistema locomotor con el resto de los órganos internos en el cuerpo.
En los seres humanos, la mayor causa de enfermedades del sistema locomotor es la mala nutrición. Molestias en las articulaciones como la artritis también son muy comunes. Algunos síntomas son dolor, dificultad de movimiento y, en casos más graves, completa inmovilidad.
En algunos casos, cuando la articulación ha sufrido demasiado daño, se recomienda cirugía para reparar la dolencia. Esta puede ser realizada a través de una prótesis que reemplaza la sección de la articulación o del hueso que ha sido dañada.
Los nuevos avances de la medicina han ido mejorando cada vez más las prótesis de reemplazo de articulaciones, siendo las más comunes las de cadera y rodillas, dos articulaciones que tienen a desgastarse con el paso de la edad. Otras prótesis articulares pueden requerirse en hombros, dedos y codos.
Si bien las prótesis hasta el momento tienen una duración de una determinada cantidad de años, especialmente en el caso de pacientes jóvenes, actualmente se encuentran realizando pruebas con diferentes materiales como fibra de carbono que aumentaría la duración de las prótesis.
Importancia del sistema locomotor
El sistema locomotor es muy importante porque permite que el ser humano y el resto de animales vertebrados puedan realizar actividades físicas e interactuar con su medio, además de otras funciones vitales.
El sistema locomotor trabaja en coordinación con el sistema nervioso central, lo que permite que la contracción muscular se pueda dar.
Para que el aparato locomotor funcione adecuadamente, es necesario que el sistema nervioso genere las órdenes que hacen posible su movimiento. El cerebro envía la orden al sistema nervioso y éste coordina el movimiento del aparato locomotor.
Algunos de los elementos que hacen que el sistema locomotor sea esencial para la vida, se listan a continuación:
-Soporte: el aparato óseo muscular da soporte estructural a todo el cuerpo, dotándolo de su apariencia externa.
-Protege nuestros órganos internos: muchos tejidos blandos y órganos del cuerpo están rodeados por elementos esqueléticos. Por ejemplo, la caja torácica protege los pulmones y el corazón, el cráneo protege el cerebro, las vértebras protegen la médula espinal y la pelvis protege los órganos del sistema reproductor
-Firmeza y resistencia: da al cuerpo firmeza y resistencia ante cualquier movimiento que requiera fuerza.
-Mecánica del cuerpo: el sistema locomotor funciona como un conjunto de palancas. Los músculos efectúan la fuerza, las articulaciones hacen las veces de puntos de apoyo y los huesos se comportan como piezas móviles que pueden cambiar la potencia y la dirección de la fuerza generada por los músculos.
-Almacenamiento de energía: los huesos almacenan lípidos (grasas) como reservas de energía en espacios llenos de médula amarilla. También producen células sanguíneas y acumulan calcio. Las sales de calcio del hueso son una valiosa reserva mineral para el organismo.
-Regulador de temperatura: los músculos del sistema ayudan a mantener la temperatura del cuerpo.
-Dotan de expresión: los músculos del sistema locomotor también proporcionan respuestas motoras a través de movimientos más sutiles que dan como resultado varias expresiones faciales, el masticar y tragar los alimentos, los movimientos oculares y la respiración.
-Regulan el paso de sustancias: los músculos también trabajan en las entradas y salidas de órganos como los del aparato digestivo y excretor, regulando el paso de sustancias y evitando que se devuelvan. Algunos de los anillos musculares más importantes del sistema locomotor son los esfínteres. Estos controlan la excreción de la materia fecal y la orina.
-Recubrimiento: en el sistema locomotor son muy importantes los cartílagos porque cubren las terminaciones óseas de las articulaciones y acondicionan las superficies de los huesos para prevenir el desgaste que pueda causar su roce. Amortiguan la percusión producida al saltar o caminar.
-Mantiene todo en su sitio: es importante la función de los ligamentos que están presentes en todas las articulaciones del sistema locomotor, ya que ayudan a mantener los huesos en su sitio, previniendo dislocaciones. Los ligamentos también tienen gran importancia para que órganos como la vejiga y el útero se mantengan en su lugar.




El cerebro humano 

Qué es el cerebro?
¿Qué es el cerebro? El cerebro se puede definir como un órgano complejo, ubicado dentro del cráneo, que gestiona la actividdad del sistema nervioso. Forma parte del Sistema Nervioso Central (SNC) y constituye la parte más voluminosa y conocida del encéfalo. Está situado en la parte anterior y superior de la cavidad craneal y está presente en todos los vertebrados. Dentro del cráneo, el cerebro flota en un líquido transparente, llamado líquido cefalorraquídeo, que cumple funciones de protección, tanto físicas como inmunológicas.
¿El cerebro es un músculo? A pesar de que coloquialmente se diga que el cerebro debe ser entrenado y ejercitarlo como un músculo para evitar que se atrofie, en realidad debemos tener claro que el cerebro no es un músculo. No está compuesto por miocitos, las células musculares, sino que está formado por millones de neuronas que, interconectadas mediante axones y dendritas, permiten regular todas y cada una de las funciones del cerebro, cuerpo y la mente: Desde respirar, pasando por comer o dormir, hasta la capacidad para razonar, para enamorarnos o para discutir con alguien. Todo esto pasa por el control cerebral, siendo sólo una parte de todas las funciones del cerebro.


¿Para qué sirve el cerebro? Funciones del cerebro
Como parte fundamental del encéfalo y del SNC, las funciones del cerebro podrían resumirse en controlar y regular la mayoría de funciones del cuerpo y de la mente. El cerebro se encarga de funciones vitales, como respirar o regular el pulso cardíaco, pasando por el sueño, el hambre o la sed, hasta funciones superiores como el razonamiento, la memoria, la atención (Corbetta & Shulman, 2002), el control de las emociones y la conducta…
Todo lo que sucede en nuestra vida, en la vigilia y en el sueño, ya sea respirar o tragar, mirar, escuchar, tocar o degustar algo, leer o escribir, cantar o bailar, pensar en silencio o hablar de nuestros pensamientos, amar u odiar, caminar o correr, planificar o actuar espontáneamente, imaginar o crear, etc., es regulado por nuestro encéfalo. Algunas de las más importantes funciones del cerebro son:
Control de funciones vitales: Como la regulación de la temperatura, de la presión sanguínea, de la tasa cardíaca, la respiración, dormir, comer…
Recibe, procesa, integra e interpreta toda la información que recibe de los sentidos: La vista, el oído, el gusto, el tacto y el olfato.
Controla los movimientos que hacemos y la posición postural: Caminar, correr, hablar, estar de pie.
Es responsable de nuestras emociones y conductas.
Nos permite pensar, razonar, sentir, ser…
Controla las funciones cognitivas superiores: La memoria, el aprendizaje, la percepción, las funciones ejecutivas… (Miller, 2000; Miller & Cohen, 2001).
“Los hombres deben saber que el cerebro es el responsable exclusivo de las alegrías, placeres, risa y diversión, y la pena, desaliento y las lamentaciones. Y gracias al cerebro, de manera especial, adquirimos sabiduría y conocimientos, y vemos, oímos y sabemos lo que es repugnante y lo que es bello, lo que es malo y lo que es bueno, lo que es dulce y lo que es insípido… Y gracias a este órgano nos volvemos locos y deliramos, y los miedos y terrores nos asaltan… Debemos soportar todo esto cuando el cerebro no está sano…Y en este sentido soy de la opinión de que la víscera ejerce en el ser humano el mayor poder”. Hipócrates (S.IV a.C.) Sobre las enfermedades sagradas.
Aunque aún no tenía claro qué es el cerebro realmente, Hipócrates ya intuía por aquel entonces que el cerebro humano es una de las creaciones más complejas, enigmáticas y, a la vez, perfectas del universo. En su época, Hipócrates y sus contemporáneos no podían imaginarse todo lo que llegaríamos a conocer sobre el cerebro. Gracias a los avances tecnológicos en neuroimagen y en medicina, biología, psicología y neurociencias en general hemos podido descifrar grandes misterios en cuanto a su anatomía y funcionamiento. Sin embargo, todavía existen muchas incógnitas y dudas por resolver acerca del cerebro.
Partes del cerebro


Todos los animales vertebrados tienen cerebro, aunque su tamaño, forma y ciertas características pueden variar mucho de una especie a otra. Más arriba se muestra un encéfalo humano, que está compuesto principalmente por las siguientes partes:
El cerebro, formado por estructuras corticales y subcorticales (que quedan ocultas bajo la corteza cerebral). Las estructuras corticales o corteza cerebral se dividen en distintas áreas: el lóbulo frontal (A), el lóbulo parietal (B), la corteza cingulada (C), el lóbulo occipital (D), el lóbulo temporal y la corteza insular (estos dos quedan ocultos en la imagen). Además, estos lóbulos están divididos por la mitad en dos hemisferios: el derecho y el izquierdo. Las estructuras subcorticales hacen referencia a aquellas que quedan bajo la corteza cerebral, como el cuerpo calloso (1) que une los dos hemisferios, el tálamo (2), los ganglios basales, amígdala, hipocampo y cuerpos mamilares (6). El cerebro es el encargado de integrar toda la información recibida por los órganos sensoriales y organizar una respuesta. Controla las funciones motoras, emocionales y todas las funciones cognitivas superiores: razonamiento, expresión emocional, memoria (Squire, 1992), aprendizaje…
Cerebelo (10): Es el segundo órgano más grande del encéfalo. Está involucrado en el control postural y del movimiento principalmente, aunque también realiza algunas funciones cognitivas.
Hipotálamo (4), glándula pituitaria o hipófisis (5) y glándula pineal (11): El hipotálamo se comunica con la glándula pituitaria y con la glándula pineal a través de la liberación de hormonas para regular las funciones viscerales, como la regulación de la temperatura corporal y comportamientos básicos como la alimentación, la respuesta sexual, la búsqueda de placer, la respuesta agresiva… La glándula pineal tiene un importante papel en la sincronización de la liberación de la hormona de la melatonina, implicada en la regulación de los ciclos de sueño/vigilia, para lo cual se coordina con el quiasma óptico (3)
El tronco cerebral: comienza en el extremo superior de la médula espinal (9). Está formado por el bulbo raquídeo (8), el puente de Varolio o protuberancia (7) y el mesencéfalo. El tronco o tallo encefálico controla las funciones automáticas como la presión sanguínea o los latidos del corazón, los movimientos límbicos y funciones viscerales como la digestión o la micción.
Características del cerebro humano
¿Cuánto pesa el cerebro humano?, ¿qué tamaño tiene?, ¿cuántas neuronas tiene el cerebro?
En el cerebro humano, el córtex cerebral es uno de los más evolucionados y complejos que existen. No sólo tiene un tamaño más grande que otras especies, sino que también se dobla y se pliega sobre sí mismo más veces (conocido como índice de girificación), formando circunvoluciones y surcos que le dan esa apariencia arrugada tan característica.
El encéfalo humano tiene un peso aproximado de 1.4-1.5 kilos, y un volumen en torno a 1130 cm3 en mujeres y 1260 cm3 en hombres.
El cerebro (y la médula espinal) están recubiertas por unas membranas, llamadas meninges, que lo protegen de los golpes contra el cráneo.
Para más protección, el cerebro “flota” en el líquido cefalorraquídeo.
Se estima que el cerebro humano está compuesto por más de 100 billones de células nerviosas, mayoritariamente células gliales y neuronas.


LAS NEURONAS: Son células especializadas en recibir, procesar y transmitir información, a nivel intercelular como intracelular. Lo hacen mediante señales electroquímicas (impulsos nerviosos) llamados potencial de acción. Estructuralmente, las neuronas tienen los mismos elementos citoplasmáticos y la misma información genética que el resto de células del organismo. Aun así, son unas células con unas características muy especiales. Las neuronas están formadas por tres partes:
Cuerpo o soma (6): es la parte principal de la célula, la que contiene el núcleo (con el ADN), el retículo endoplasmático y los ribosomas (producen proteínas) y las mitocondrias (generan energía). En el soma se realizan la mayoría de funciones metabólicas de la célula. Por tanto, el soma es imprescindible para la supervivencia de la célula neuronal.
Axones (3): es una prolongación que sale del soma celular. Sería algo semejante a un “cable”, en cuyo final existen unos botones terminales (2) que son los puntos donde se produce la sinapsis (5), es decir, la transmisión de información de una neurona (elemento pre-sináptico) a otra (elemento post-sináptico). La longitud de los axones puede variar mucho de una neurona a otra: los hay desde muy cortos (de menos de 1mm), hasta los más largos (de más de un metro, que suelen ser de nervios periféricos, como los de las motoneuronas). Algunos axones, sobre todo los de las neuronas motoras y sensoriales, están recubiertos por una capa de mielina (4) que agiliza, y facilita, la transmisión de información. Cuanta más mielina contenga el axón, más eficiente será la transmisión del impulso nervioso. Las neuronas que más mielina tienen son las periféricas (neuronas sensoriales y motoras) que son en las que la información tiene que recorrer caminos más largos.
Dendritas (1): son unas terminaciones nerviosas que salen del soma celular que se ramifican en forma de árbol. Las dendritas constituyen el componente principal de recepción de información (elemento post-sináptico) y son las que posibilitan la comunicación entre dos neuronas.
También es habitual oír hablar de la sustancia gris y la sustancia blanca del cerebro, que hace referencia a dos partes distintas de las neuronas:
La sustancia gris del cerebro corresponde principalmente a los somas y dendritas de las neuronas.
La sustancia blanca es la zona donde predominan los axones de las neuronas. Se ve de este color más blanquecino por el recubrimiento que la mayoría de ellos llevan de mielina.
LAS CÉLULAS GLIALES: Son el tipo de célula más abundante del SNC. Tienen la capacidad de dividirse en el cerebro adulto (neurogénesis) y su presencia es necesaria para el buen funcionamiento cerebral. Constituyen el principal soporte estructural de las neuronas: recubren sus axones con mielina para una mejor transmisión sináptica, desempeñan un rol en el aporte nutricional de la célula, participan en los mecanismos de regeneración y reparación nerviosa, en los mecanismos de inmunización, mantenimiento de la barrera hematoencefálica, etc. Como se ha mencionado ya, existen varios tipos de células gliales en el Sistema Nervioso Central, como los astrocitos, los oligodendrocitos y la microglía. En el Sistema Nervioso Periférico las células de Schwann, las células satélite y los macrófagos.
¿Cómo funciona el cerebro?
El cerebro funciona gracias a la transmisión de información entre las neuronas (u otras células receptoras o efectoras) mediante impulsos eléctrico-químicos. Está transmisión de información se produce durante la sinapsis. En la sinapsis neuronas y células se ponen en contacto y mediante descargas químicas e impulsos eléctricos se intercambian neurotransmisores que son los encargados de excitar o inhibir la acción de otra célula. A través de los botones terminales de los axones, una primera neurona establece comunicación con las dendritas, el soma o incluso otro axón de una segunda neurona.
Toda esta transmisión de información mediante las neuronas se hace en cuestión de milisegundos. De manera paralela y coordinada se producen cientos de conexiones que nos permiten percibir, entender y responder al mundo de forma adecuada. Recibimos miles de "inputs" (o entradas de información) y generamos miles de "outputs" (o envío de información) en cuestión de segundos. A pesar de la gran velocidad a la que se suceden todos estos procesos, las neuronas los llevan a cabo con una gran precisión.


Desarrollo del cerebro humano
¿Cómo se desarrolla el cerebro? Para entender bien qué es el cerebro, es importante saber cómo se forma. El desarrollo del cerebro humano empieza en la etapa embrionaria y termina en la juventud. Tras tan solo 4 semanas después de la concepción se empieza a formar el tubo neural. Este tubo neural es clave en el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso en general, ya que a partir de aquí se formará el encéfalo y la médula espinal. A partir de ahí, empieza un proceso vertiginoso donde se dan los procesos de proliferación, migración y diferenciación celular que darán lugar a la formación y desarrollo del cerebro. Las neuronas se generan en la parte ventricular del tubo neural y luego migran a su zona de destino en el cerebro. Tras esto, las neuronas del encéfalo se diferencian y especializan según la función que vayan a desempeñar en el cerebro.
Se calcula que en la etapa pre-natal pueden llegar a producirse hasta 250.000 células cerebrales por minuto. De hecho, en el momento de nacer, el cerebro del bebé ya contiene todas las células nerviosas que va a necesitar. Sin embargo, estas células nerviosas no están adecuadamente conectadas todavía. Durante los dos primeros años de vida, nuestras células nerviosas comienzan a establecer conexiones según los factores que señaliza nuestro ADN. No obstante, la interacción con el entorno va a ser decisiva en la supervivencia de las conexiones ya establecidas, y en la creación de nuevas conexiones. Los procesos de mielinización (proceso en el que se recubre las fibras neurales con una capa aislante de grasa que facilita la transferencia de información) ayudan a que esto suceda más rápido, y son los responsables del aumento de tamaño del encéfalo. El desarrollo del cerebro varía según el rango de edad en el que nos fijemos:
De los 0-12 meses: En términos generales, se puede decir que los recién nacidos solo tienen bien desarrollados la médula espinal y el tronco encefálico, por eso solo responden a estímulos reflejos y a funciones básicas de la supervivencia, como dormir, comer o llorar. A medida que se relacionan con su entorno, van estableciendo nuevas conexiones y aprenden rápidamente cosas como dirigir la mirada, realizar movimientos más complejos, repetir consonantes, comprender el lenguaje…
Hacía los 3 años: Su cerebro ya ocupa casi el 80% del tamaño que tendrá de adulto. El sistema límbico y el córtex cerebral ya se encuentran considerablemente desarrollados. Esto permite a los niños expresar y reconocer emociones, jugar, empezar a contar y hablar. Hasta esta edad, la plasticidad cerebral era máxima, hasta el punto que si un área de la corteza cerebral se dañara, probablemente otra podría asumir sus funciones (ya que todavía no está especializada del todo).
El cerebro no se termina de desarrollar hasta pasada la juventud: El área del encéfalo que tarda más en madurar es la corteza prefrontal, situada en los lóbulos frontales. Esta parte de la corteza está muy relacionada con el control de la conducta, el razonamiento, la resolución de problemas, etc.
Sin embargo, aunque la maduración cerebral finaliza en la juventud, en determinadas áreas del cerebro sigue produciéndose neurogénesis (generación de nuevas neuronas). Además, la plasticidad cerebral se mantiene, aunque en un menor grado que en la infancia, y aún se pueden establecer nuevas conexiones cerebrales a través del entrenamiento y el reforzamiento de las conexiones neuronales. Esto es la base de la plasticidad cerebral.




El aparato circulatorio



1.2 ¿QUÉ ES EL SISTEMA CIRCULATORIO?
El sistema circulatorio es la estructura anatómica que está compuesta por:
 Sistema cardiovascular.
 Sistema linfático.

El sistema cardiovascular tiene como función distribuir los nutrientes y el oxígeno a las células del cuerpo y recoger los desechos metabólicos para después eliminarlos en los riñones a través de la orina, y por el aire exhalado en los pulmones. El sistema cardiovascular comprende el corazón, que actúa como una bomba que mantiene el conjunto en funcionamiento, los vasos sanguíneos (arterias, venas y capilares), que son los conductos que transportan la sangre y, la sangre, que es el líquido fluido que contiene las células producidas por la maduración de las células madre de la médula ósea.
Por su parte, el sistema linfático es un sistema de transporte que se inicia en los tejidos corporales, continúa por los vasos linfáticos y desemboca en la sangre, realizando un trayecto unidireccional. Las funciones principales del sistema linfático son transportar el líquido de los tejidos que rodea a las células (principalmente sustancias proteicas) a la sangre porque debido a su tamaño no pueden atravesar la pared del vaso sanguíneo y recoger las moléculas de grasa absorbidas en los capilares linfáticos que se encuentran en el intestino delgado. El líquido que recorre el sistema linfático se conoce como linfa. Los conductos por los que circula la linfa son los vasos linfáticos que conectan con los ganglios linfáticos. Los ganglios linfáticos son unas estructuras nodulares que se agrupan en forma de racimo y actúan como filtros de la linfa. Además, el sistema linfático está compuesto por los órganos linfoides, entre los que destacan el bazo y el timo, además de la médula ósea roja y las amígdalas.
  



1.3 ¿QUÉ ES LA SANGRE?
Como se ha mencionado en la sección “¿Qué es la médula ósea?”, las células madre producen 3 tipos principales de células sanguíneas que son:
 Los glóbulos rojos, también denominados hematíes o eritrocitos.
 Los glóbulos blancos, también denominados leucocitos.
 Las plaquetas, también llamadas trombocitos.

Cada uno de estos tipos de células desempeña una función diferente, tal y como se describe a continuación.





1.4 LOS GLÓBULOS ROJOS
Los glóbulos rojos son unos discos bicóncavos, esto es con forma de esfera hueca, que se componen de hemoglobina. La hemoglobina es una sustancia rica en hierro cuya función es transportar el oxígeno desde los pulmones hasta el resto de células del cuerpo. Su tamaño, forma y flexibilidad les permiten introducirse en espacios pequeños.
La hormona que regula la formación de los glóbulos rojos se llama eritropoyetina y se produce en unas células de los riñones. La función de la eritropoyetina es estimular a la médula para que forme más glóbulos rojos y que no falten en los momentos críticos, por ejemplo, en una hemorragia.
Los glóbulos rojos tienen una vida media de unos 120 días. Cuando mueren, son eliminados a través del hígado y del bazo. Para su formación la médula ósea necesita principalmente hierro, vitamina B-12, ácido fólico y vitamina B-6. De ahí la importancia de incluir en la dieta alimentos que contenga y nos aporten estos nutrientes.
Los niveles sanguíneos más significativos relaciones con los glóbulos rojos son:
 El recuento normal de glóbulos rojos es de 4,5 a 6 millones por milímetro cúbico para los hombres y de 4 a 5,5 millones por milímetro cúbico para las mujeres.
 La hemoglobina normal para los hombres es de 14 a 18 gramos por 100 mililitros de sangre y de 12 a 16 gramos para las mujeres.
 El hematocrito, que es el porcentaje de volumen que ocupan los glóbulos rojos en la sangre, tiene sus valores normales entre el 42 y el 54% en hombres y entre 38 y 46% en mujeres.

Cuando hay una pérdida de sangre o existe una disminución de la producción de glóbulos rojos en la médula, como ocurre por ejemplo con ciertas enfermedades y durante la quimioterapia, estos valores descienden. Este hecho se conoce como anemia. Si el descenso que se produce es leve, la persona puede notar una cierta fatiga, pero si el descenso es más pronunciado puede sentir cansancio, mareo e incluso dificultad para respirar. Para recuperar la anemia es muy importante mantener una alimentación rica y suficiente, y tomar alimentos que contengan hierro. Además, el médico recetará si es necesario, un suplemente de hierro, inyecciones de eritropoyetina e incluso una transfusión sanguínea en caso necesario.

1.5 LOS GLÓBULOS BLANCOS
Los glóbulos blancos son los encargados de defender el organismo frente a las infecciones. Se producen a partir de las células madre en la médula ósea, donde se almacenan, y se liberan al torrente sanguíneo cuando el organismo los necesita. Los glóbulos blancos viven en la sangre unas doce horas. Son de un tamaño más grande que los glóbulos rojos. El recuento total de leucocitos se encuentra entre 5.000 y 10.000 por milímetro cúbico y existen cinco tipos distintos:
Neutrófilos. Son los primeros que acuden frente a una infección. Lo normal es un recuento entre 3.000 y 7.000 unidades por milímetro cúbico. Su función consiste en localizar y neutralizar a las bacterias, de tal forma que cuando las encuentran en un tejido se rompen y liberan sustancias que hacen que aumente la circulación de sangre en la zona y atraen a más neutrófilos, lo que provoca que la zona se caliente y enrojezca.
Eosinófilos. Son los encargados de responder ante las reacciones alérgicas. Lo que hacen es inactivar las sustancias extrañas al cuerpo para que no causen daños.
Basófilos. También intervienen en las reacciones alérgicas, liberando histamina, que es una sustancia que aumenta la circulación sanguínea en la zona para que aparezcan otro tipo de glóbulos blancos y, además, facilitan que éstos salgan de los vasos sanguíneos y avancen hacia la parte dañada. También liberan heparina, que sirve para disipar los coágulos.
Linfocitos. Constituyen un 30% del total de leucocitos (entre 1.000 y 4.000 por milímetro cúbico). Al contrario que los granulocitos, viven durante mucho tiempo y maduran y se multiplican ante determinados estímulos. No sólo luchan contra infecciones, sino que también matan a células extrañas y producen anticuerpos, que son proteínas fabricadas para unirse y matar a un antígeno específico, que nos proporcionan inmunidad. Los antígenos son sustancias que el organismo reconoce como extrañas, forma anticuerpos para matarlas y conserva linfocitos con memoria para recordarla, con el objetivo de reconocerla y eliminarla más rápida y eficazmente si vuelve a atacar.
Monocitos. Constituyen un 5% del total de leucocitos. Su función consiste en acudir a la zona de infección para eliminar las células muertas y los desechos. Contienen enzimas especiales con las que también pueden matar bacterias. Se forman en la médula ósea y, tras pasar por la sangre, vigilan y cumplen sus funciones en los diferentes tejidos como la piel, los pulmones, el hígado o el bazo.

1.6 LAS PLAQUETAS
Las plaquetas, también conocidas como trombocitos, son las células sanguíneas que previenen las hemorragias a través de la formación de coágulos. Las cifras normales de plaquetas oscilan entre las 150.000 y las 450.000 por milímetro cúbico. La hormona que estimula a la médula para producir nuevas plaquetas se conoce con el nombre de trombopoyetina.
Las plaquetas se acumulan en las heridas, provocando una contracción del vaso sanguíneo y, tras una serie de reacciones químicas y junto con los factores de coagulación que intervienen, se unen entre sí y forman un coágulo de fibrina que detiene definitivamente la hemorragia. La vida media de una plaqueta en sangre es de alrededor de 10 días.









Sistema respiratorio

 

La respiración no podría producirse sin la ayuda del sistema respiratorio, que incluye nariz, garganta, laringe, tráquea y pulmones.
En la parte superior del sistema respiratorio, los orificios nasales (también denominados narinas) toman el aire, llevandolo a la nariz, donde el mismo se entibia y humidifica. Los pequeños vellos, denominados cilios, protegen los conductos nasales y otras partes del tracto respiratorio, filtrando el polvo y otras partículas que entran a la nariz a través del aire que respiramos.
El aire también puede inhalarse por la boca. Estas dos aberturas de la vía respiratoria (la cavidad nasal y la boca) se unen en la faringe, o garganta, en la parte posterior de la nariz y la boca. La faringe es parte del sistema digestivo y del sistema respiratorio porque transporta tanto alimento como aire. En la base de la faringe, este conducto se divide en dos, uno para el alimento (el esófago, que llega hasta el estómago) y el otro para el aire. La epiglotis, una pequeña lengüeta de tejido, cubre el conducto del aire cuando tragamos, evitando que la comida y el líquido penetren en los pulmones.
La laringe, o caja de la voz, es la parte superior del conducto del aire. Este pequeño tubo contiene un par de cuerdas vocales que vibran para producir sonidos.
La tráquea se extiende hacia abajo desde la base de la laringe. Parte de ella lo hace por el cuello y parte, por la cavidad torácica. Las paredes de la tráquea están reforzadas con rígidos anillos cartilaginosos que la mantienen abierta. La tráquea también está revestida de cilios, que eliminan los fluidos y las partículas extrañas que hay en la vía respiratoria para que no entren en los pulmones.
En su extremo inferior, la tráquea se divide a izquierda y derecha en conductos de aire denominados bronquios, que están conectados a los pulmones. En el interior de los pulmones, los bronquios se ramifican en bronquios más pequeños e incluso en conductos más pequeños denominados bronquiolos. Los bronquiolos terminan en minúsculas bolsas de aire denominadas alvéolos, donde tiene lugar el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono. Cada pulmón alberga alrededor de unos 300 ó 400 millones de alvéolos.
Los pulmones también contienen tejidos elásticos que les permiten inflarse y desinflarse sin perder la forma, y están cubiertos de una membrana denominada pleura. Esta red de alvéolos, bronquiolos y bronquios se conoce como árbol bronquial.
La cavidad torácica, o tórax, es una caja hermética que alberga el árbol bronquial, los pulmones, el corazón y otras estructuras. Las costillas y los músculos anexos forman la parte superior y los costados del tórax; la parte inferior está formada por un músculo de gran tamaño denominado diafragma. Las paredes torácicas forman una caja protectora alrededor de los pulmones y otros contenidos de la cavidad torácica.
El diafragma, que separa el pecho del abdomen, juega un papel muy importante en la respiración. Se mueve hacia abajo cuando inhalamos, aumentando la capacidad de la cavidad torácica cuando tomamos aire por la nariz y la boca. Cuando exhalamos, el diafragma se mueve hacia arriba, lo que hace que la cavidad torácica reduzca su tamaño y los gases de los pulmones suban y salgan por la nariz y la boca.

La respiración

Aunque no podemos verlo, el aire que respiramos está compuesto de varios gases. El oxígeno es el más importante para vivir porque las células del cuerpo lo necesitan para obtener energía y crecer. Sin oxígeno, las células morirían.
El dióxido de carbono es el gas residual que se genera al combinar el carbón y el oxígeno durante los procesos corporales de producción de energía. Los pulmones y el sistema respiratorio permiten que el oxígeno del aire penetre en el cuerpo, al mismo tiempo que permiten que el cuerpo elimine el dióxido de carbono.
La respiración es el conjunto de acontecimientos que tiene como resultado el intercambio de oxígeno procedente del medio ambiente y del dióxido de carbono procedente de las células del cuerpo. El proceso por el cual entra aire en los pulmones se denomina inspiración, o inhalación, y el proceso de expulsión del mismo se denomina espiración, o exhalación.
El aire se inhala por la boca o la nariz. Los cilios que recubren la nariz y otras partes del tracto respiratorio superior se mueven hacia atrás o adelante, empujando las sustancias extrañas que ingresan con el aire (como el polvo) hacia la faringe o hacia las fosas nasales, por donde se expelen. La faringe deja pasar las sustancias extrañas hasta el estómago para que el cuerpo las elimine. Cuando se inhala aire, las mucosas nasales y bucales lo calientan y humedecen antes de que entre en los pulmones.
Cuando inhalamos, el diafragma se mueve hacia abajo y los músculos de las costillas mueven las costillas hacia arriba y afuera. De este modo, aumenta el volumen de la cavidad torácica. La presión del aire en la cavidad torácica y los pulmones se reduce y, puesto que el gas circula desde arriba hacia abajo, el aire procedente del medio ambiente penetra por la nariz o la boca y fluye hasta los pulmones.
Durante la exhalación, el diafragma se mueve hacia arriba y los músculos de la pared torácica se relajan, provocando que se estreche la cavidad torácica. La presión del aire en los pulmones aumenta, por lo que el aire sube y sale del sistema respiratorio por la nariz y la boca.
Cada varios segundos, cuando inhalamos, el aire llena gran parte de los millones de alvéolos. En un proceso denominado difusión, el oxígeno se desplaza de los alvéolos a la sangre a través de los capilares (pequeños vasos sanguíneos) que recubren las paredes alveolares. Una vez en la sangre, una molécula de los glóbulos rojos denominada hemoglobina recoge el oxígeno. Esta sangre rica en oxígeno vuelve al corazón, que la bombea por medio de las arterias hasta los tejidos que necesitan oxígeno.
En los pequeños capilares de los tejidos corporales, el oxígeno se libera de la hemoglobina y se introduce en las células. El dióxido de carbono, que se produce durante el proceso de difusión, sale de estas células y se introduce en los capilares, donde la mayor parte se disuelve en el plasma sanguíneo. La sangre rica en dióxido de carbono regresa al corazón por las venas. El corazón bombea esta sangre hacia los pulmones, donde el dióxido de carbono entra en los alvéolos para después ser exhalado.
Problemas en los pulmones y el sistema respiratorio
El sistema respiratorio es propenso a contraer determinadas enfermedades y los pulmones tienen tendencia a padecer una amplia variedad de trastornos causados por los contaminantes del aire.
Los problemas más frecuentes del sistema respiratorio son:
Asma. Más de 20 millones de personas en los Estados Unidos padecen asma, y es la principal causa de absentismo escolar crónico. El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de los pulmones que hace que las vías respiratorias se tensen y se estrechen. Las crisis asmáticas, a menudo provocadas por agentes irritantes transportados por el aire, como el humo del cigarrillo, hacen que los músculos que cubren las diminutas vías respiratorias se contraigan e inflamen. El estrechamiento de las vías respiratorias impide que el aire circule adecuadamente, causando resuellos y dificultades respiratorias, a veces hasta el punto de poner la vida en peligro. El manejo del asma comienza con un plan de control del asma, que suele consistir en evitar las causas del asma y, a veces, en tomar medicamentos.
Bronquiolitis. No debe confundirse con la bronquitis. La bronquiolitis es una inflamación de los bronquiolos, las ramificaciones más pequeñas del árbol bronquial. La bronquiolitis afecta principalmente a bebés y niños pequeños, y puede causar resuellos y graves dificultades respiratorias. La suelen causar virus específicos durante el invierno, incluido el virus respiratorio sincitial (VRS).
Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). EPOC es un término que describe dos enfermedades pulmonares: el enfisema y la bronquitis crónica.
Fumar durante muchos años suele causar enfisema, y aunque rara vez afecta a niños y adolescentes, esta condición puede tener sus raíces en los años de la adolescencia y la infancia. Para prevenir las enfermedades asociadas con el tabaco, como el enfisema y el cáncer de pulmón, es importante aprender a hablar con sus hijos sobre el tabaco. En el enfisema, los pulmones producen una cantidad excesiva de mucosidad y se dañan los alvéolos. Se hace difícil respirar y obtener suficiente oxígeno en la sangre.
En la bronquitis, una enfermedad común entre adultos y adolescentes, las membranas que cubren los conductos bronquiales más grandes se inflaman, y producen en exceso mucosidad. La persona comienza a toser mucho para deshacerse de la mucosidad. Fumar es causa principal de bronquitis crónica entre los adolescentes.
Otras afecciones
Resfriado común. Causado por más de 200 virus diferentes que provocan la inflamación del tracto respiratorio superior, el resfriado común es la infección respiratoria más frecuente. Algunos síntomas pueden ser: fiebre leve, tos, dolor de cabeza, moqueo, estornudos y dolor de garganta.
Tos. La tos es síntoma de una enfermedad, no una enfermedad en si misma. Hay muchos tipos de tos y muchas causas que pueden no ser muy graves o poner la vida en peligro. Algunas de las causas más frecuentes que afectan a los niños son el resfriado común, el asma, la sinusitis, las alergias estacionales, crup y la neumonía. Entre las causas más graves tanto en niños como en adultos están la tuberculosis (TB) y la tos ferina (tos convulsiva).
Fibrosis quística (FQ). Afecta a más de 30.000 niños y adolescentes en los Estados Unidos, y es la más común de las enfermedades hereditarias que afectan los pulmones. Afecta principalmente los sistemas respiratorio y digestivo, y hace que la mucosidad corporal sea anormalmente espesa y pegajosa. La mucosidad puede obturar las vías respiratorias de los pulmones y hacer que la persona sea más vulnerable a las infecciones bacterianas.
Neumonía. La neumonía es una inflamación de los pulmones que se suele producir por una infección bacteriana o viral. La neumonía causa fiebre e inflamación del tejido pulmonar y dificulta la respiración porque los pulmones tienen que realizar un mayor esfuerzo para transferir oxígeno al flujo sanguíneo y eliminar el dióxido de carbono de la sangre. Las causas más comunes de la neumonía son la gripe y la infección por la bacteria Streptococcus pneumoniae.
Hipertensión pulmonar. Esta condición aparece cuando la presión arterial en los pulmones es anormalmente alta, lo que significa que el corazón tiene que realizar un mayor esfuerzo para bombear la sangre y contrarrestar la alta presión. Los niños pueden padecer hipertensión pulmonar debido a un defecto cardíaco congénito o a una condición médica como la infección por VIH.
Enfermedades respiratorias neonatales
Hay varias condiciones respiratorias que pueden afectar a un bebé recién nacido cuando respira por primera vez. Los bebés prematuros más pequeños presentan un mayor riesgo de sufrir condiciones tales como:
Síndrome de dificultad respiratoria del neonato. Los bebés prematuros pueden no tener suficiente tensión activa en los pulmones. El sistema tensioactivo ayuda a mantener abiertos los alvéolos del bebé; sin este sistema, los pulmones se colapsan y el bebé es incapaz de respirar.
Displasia broncopulmonar (DBP). La displasia broncopulmonar supone un desarrollo anormal del tejido pulmonar. A veces denominada enfermedad pulmonar crónica o EPC, es una enfermedad infantil caracterizada por una inflamación y formación de cicatrices en los pulmones. Se desarrolla más frecuentemente en bebés prematuros que han nacido con pulmones poco desarrollados.
Aspiración de meconio. La aspiración de meconio se produce cuando un recién nacido inhala (aspira) durante el parto una mezcla de meconio (primeros excrementos del bebé, generalmente tras el nacimiento) y líquido amniótico. El meconio inhalado puede provocar un bloqueo parcial o total de las vías respiratorias del bebé.
Hipertensión pulmonar persistente neonatal (HPPN). En el útero, la circulación del bebé no pasa por los pulmones. Normalmente, cuando un bebé nace y comienza a respirar, su cuerpo se adapta rápidamente y comienza el proceso respiratorio. La HPPN se produce cuando la transición de la circulación fetal a la neonatal no ocurre de forma normal. Esta condición puede presentar síntomas como: respiración acelerada, ritmo cardíaco acelerado, dificultad respiratoria y cianosis (piel azulada).
Aunque algunas enfermedades respiratorias no pueden ser prevenidas, su hijo puede evitar muchas enfermedades respiratorias y pulmonares crónicas si no fuma, se mantiene alejado de los agentes contaminantes e irritantes, se lava las manos a menudo para evitar infecciones y va al médico para que le hagan examenes periódicos.